Capitulo 1-LA TIENDA
Me llamo Juan Claudio y os voy a contar lo que me pasó hace unos meses:
Daniela entró en Electrónica Arts, la tienda donde yo trabajaba como técnico informático. Tan bella como siempre, con ese pelo moreno que le caía sobre la cara, cuando se ponía trenzas, estaba aún más guapa. Otra cosa que me gustaba de ella era cuando se daba rímel. Esos ojos de color avellana eran preciosos, los más bonitos que había visto desde hacía tiempo. Daniela se dirigió a uno de mis empleados.
- ¿Dónde está Juan Claudio? -preguntó la joven.
-En el mostrador-respondió uno de los dependientes señalando con el dedo.
Daniela se acercó con su esbelta figura a Juan Claudio mientras se cruzaban miradas. Juan Claudio empezó a sonreír al verla frotarse la oreja. Era su código secreto: necesitaba ayuda. Se llevaban dieciséis años. Él tenía cincuenta y tantos pero ella seguía sintiendo algo por él. Juan Claudio era alto y fuerte y eso le hacía sentirse segura. Al acercarse al mostrador, Daniela le preguntó.
- ¿Cómo te va la vida?
-¿No lo ves? Reparando ordenadores-respondió Juan Claudio, señalando al entorno-Te veo bien ¿y a ti? ¿que necesitas de mí? -comentó acariciándose el corte de pelo cuadrado.
-Bien, aunque no tenemos mucho trabajo-contestó Daniela, jugueteando con su cabello.
- ¿Que necesitas? -preguntó él acariciándose inquieto.
- ¿Siempre eres tan seco con la clientela? -se quejó ella.
- ¿No fue una causa por la cual rompimos? -reprochó él.
-Entre otras, pero ya sabes cuál fue la verdadera.
- ¡Ah!, defenderte de aquellos tipejos.
-No quiero hablar de eso, ¿vale? -le reprochó ella apartando los brazos de la mesa- ¿me vas ayudar o no?
- ¿De qué se trata?
Keiran, el dependiente que atendió a Daniela, y su novia Laura, escuchaban la conversación. Juan Claudio se dio cuenta y les dijo, acariciándose el pelo.
-No os metáis en esto, ¿de acuerdo?
La pareja volvió a su trabajo. Juan Claudio volvió a mirar a los ojos de Daniela quién preguntó:
- ¿Te acuerdas de Punta Fría, la urbanización a la que mi padre nos enviaba a buscar noticias?
-Donde hay delincuencia, ¿no?
-Sí. Alguien nos ha enviado una carta desde allí diciendo que necesita ayuda.
- ¿Y sobre qué?
-Creemos que la joven que la ha escrito, ha sido testigo del asesinato de su hermana. Mi equipo y yo partimos ahora mismo hacia allí
-La cosa huele mal. No sé, deberías avisar a la policía.
-La policía ya estuvo allí según la carta y no hallaron nada. La chica que la escribe está asustada y dice que no se fía de la autoridad local. Ella cree que están compinchados con los traficantes de ese barrio.
-Silencio a cambio de dinero, ¿eh?
-Eso parece. Pero no podemos hacer una denuncia sin tener pruebas.
-Y vosotros sois la última oportunidad de saber qué es lo que sucedió allí, ¿no?
-Eso parece. Pero no sé cómo.
- ¿Y que necesitas de mí?
-Tú, al igual que yo, conoces esos barrios y sabes por dónde ir.
-Tú también.
-Ya, pero yo tengo la mente y tú- comentó ella mirando la musculatura de Juan Claudio-la fuerza.
-Por eso te separaste de mí, ¿no?
-Eso parece-dijo ella sonriendo.
El hombre se lo pensó durante unos segundos antes de responder.
-Está bien pero a cambio de dos cosas: La primera es que vengan mis ayudantes. Cuanto más seamos, mejor, ¿no?
- ¿Y quién se encargará entretanto de tu negocio? -le preguntó sonriendo.
-Tengo gente de confianza, no te preocupes.
-Está bien, ¿y la segunda? -continuó Daniela.
-Que haya un porcentaje para nosotros-dijo él, señalándose a sí mismo y a sus empleados-
¿hecho?
-Eso parece.
-De acuerdo, danos media hora-propuso Juan Claudio.
Daniela se dio la vuelta y fue caminando hacia la salida de la tienda. Cuando ella salió por la
puerta, Keiran, dejó de barrer como ensimismado por la esbelta figura que acababa de dejar el
local. Dado que no había clientela, volviendo a la realidad, siguió limpiando.
Keiran, tenía los ojos pequeños de color oscuro, barba de hace tres semanas, cabello largo y
moreno y era delgado. De complexión fuerte, era bastante más joven que Juan Claudio. Tenía
un gesto especial que fue lo que hizo que Laura, su actual novia, se hubiera fijado en él. La
pareja no conoció a Juan Claudio hasta que no empezaron a trabajar en Electrónica Arts, pero
congeniaron muy pronto.
El dueño de la tienda era Miguel Zeng, un chino nacido en España, apasionado de la
informática y experto en arreglar aparatos. Había contratado a su amigo Juan Claudio como
encargado, después de enseñarle todo, sobre las diferentes partes de los ordenadores. Era de
aspecto saludable, alegre y el de menor estatura de los cuatro, aunque ganaba al resto en
edad. Vestía casi siempre el uniforme de trabajo: el polo azul oscuro, con un pin circular de
acero a un lado de la prenda, donde se podían leer las letras, E.A.
Juan Claudio había pensado que Miguel, cuidaría de la tienda cuando ellos tres se fueran a
Punta Fría.
Keiran y Laura se conocían desde la niñez, habían estudiado informática juntos y se
enamoraron durante la carrera. Una de las cosas que más le gustaba a Laura de su chico era,
cómo se acariciaba las cejas. No habían conseguido ningún trabajo de programación, por esa
razón, buscaron otros trabajos hallando por casualidad la oferta de Miguel Zeng que buscaba
dependientes para su negocio. Fueron a su tienda a conseguir el puesto.
Keiran cambió de expresión al ver a Juan Claudio acercarse.
- ¿Esa es tu novia? -preguntó Keiran.
-Mi ex-novia-contestó Juan Claudio golpeándole el hombro.
-Menuda leona-contestó el otro riéndose.
-Y la que nos ha conseguido ganar algo de dinero adicional.
Keiran se sorprendió de nuevo y Juan Claudio le ordenó.
-Limpiad la tienda y coged vuestros abrigos. Nos vamos de viaje.
- ¿Adónde?
-Ya lo veras-contestó Juan Claudio mientras se iba a la trastienda.
Keiran avisó a su novia, dejando la escoba y el recogedor en su sitio. Laura fue enseguida al oír
el grito en el pasillo. La joven, de cara redonda y carnosa y cuerpo esbelto, se plantó frente a
su novio haciéndole señas con las manos para que dejase de chillar.
- ¿Qué ocurre? -preguntó ella.
Keiran cogió a su novia de la cintura y besó sus gruesos labios. La chica, tras varios mimos, le
preguntó de nuevo lo que ocurría. Este respondió:
-Nos vamos de viaje, así que prepara tu equipaje.
- ¿De qué hablas? ¿Y el trabajo? -preguntó Laura arreglando su moño rubio.
-La ex-novia de Juan Claudio nos ha conseguido un puesto para ir de viaje con ella. No sé
adónde vamos, pero seguro que habrá dinero.
A Laura le sonaba rara aquella situación, por eso siguió indagando.
-Fabuloso, ¿y qué haremos con la casa? hay que pagar la hipoteca.
-No será mucho tiempo y esto es una oportunidad para pagarla-rebatió el joven.
- ¿Y cuánto nos paga? -preguntó Laura cruzando los brazos, aún dubitativa.
-Eso habrá que preguntarlo-intervino Juan Claudio con su cazadora vaquera ya puesta.
- ¿Y te fías de ella? -preguntó Laura mirando a Juan Claudio.
-Sí, es mi ex, pero me fío, dijo con ironía.
- ¿Y a dónde vamos? -preguntó ella.
-A Punta Fría. Está a tres horas y media de aquí. Según parece, hay una joven que ha enviado a
Daniela y a su equipo de periodistas una carta donde confiesa, que es la testigo de un crimen.
La pareja se asustó.
- ¿Tendremos que hacer de policías?
-Escuchadme, si queréis puedo ir yo solo con ellos y cuando volvamos de allí os contaré como
ha ido-respondió Juan Claudio.
- ¿Y porque me has dicho que me preparase? -preguntó Keiran algo perdido.
- ¿No te gusta la acción?, te lo dije medio en broma.
- ¿Qué vais hacer allí? -preguntó Laura frotándose las manos.
-Seguramente, Daniela y su equipo harán una entrevista a la joven que les mandó la carta y
estaremos de vuelta a eso de las doce y media o una de la mañana- respondió Juan Claudio
mirando el reloj que había detrás de la pareja: eran las doce menos cuarto de la tarde.
- ¿Y porque les acompañas? -preguntó Keiran.
-Para protegerlos del peligro. Veréis, cuando era periodista y Daniela era mi novia, íbamos a
esa urbanización a cubrir algunas noticias. Casi siempre había bandas de ladrones
acechándonos, pero no se atrevían a robarnos porque estábamos poco tiempo y no les
interesaba meterse en problemas. El jefe de Daniela, que también es su padre, sabe bien la
clase de peligros que hay en ese barrio. La joven de la carta debe vivir por allí-comentó Juan
Claudio.
- ¿Y solo es esa entrevista? no tendremos que investigar por la zona, ¿no? -preguntó Keiran.
Juan Claudio rio y les dijo.
-No son policías.
-Ya, pero ¿y si descubren algo malo? -comentó Laura.
-Conozco a Daniela, llamará a la autoridad y nos quedaremos en alguna parte segura. -siguió
Juan Claudio.
Keiran miró a ambos y preguntó a Juan Claudio.
- ¿Y estarás seguro?
-Tranquilo, sé cuidar de mí mismo- respondió Juan Claudio golpeándole.
Keiran miró a Laura y le dijo.
-Bombón, nos pasamos aquí todo el día. ¿Qué mal viene salir de la tienda durante un rato?.
-¡Fabuloso! Estamos hablando de todo un día y, además, ¿cómo vamos a pagar la casa?
-insistió la chica.
-Pues con el dinero que nos va dar Daniela- respondió Keiran, mirando feliz a Juan Claudio para
que este le apoyase.
Los ojos oscuros de Juan Claudio se cruzaron con los de Laura y le confirmó.
-Puedes estar segura. Daniela nos pagará bien si colaboramos.
La joven rubia torció el hocico y después resopló, dando así el visto bueno al plan de ir y volver
en un día. Llevaban tiempo trabajando y no salían a menudo, ni siquiera al extrarradio de
Madrid. Además, a la pareja le gustaba bañarse en el mar y sabían, que Punta Fría estaba en
algún lugar cerca de Torrevieja. Laura abrazó a su novio y le animó a que se pusiese el abrigo.
Él la beso en los labios y luego miró a Juan Claudio, bromeando.
- ¿Has visto que novia tengo?
Juan Claudio rio, dándoles una orden después.
-Recojamos este lugar. Llamaré a Luis para que venga a abrir la tienda por la tarde.
Keiran y Laura se retiraron a recoger cosas que había por medio. Limpiaron las mesas del
despacho y el mostrador con algunos trapos que tiraron después. Juan Claudio terminó de
hacer algunas cosas en un ordenador de un cliente y lo guardó en su despacho. La pareja, tras
haber ordenado un poco más el establecimiento, se puso las cazadoras y esperó a Juan Claudio
en la puerta de la tienda.
Juan Claudio apareció por el pasillo principal de la tienda, jugueteando con las llaves del lugar mientras silbaba.
- ¿Estáis preparados? -preguntó Juan Claudio.
-Claro que sí-respondió Keiran con ilusión.
-Fabuloso-contestó Laura con expresión de poca alegría.
La pareja salió delante de Juan Claudio. Este, cerró Electrónica Art con la llave y se dio la vuelta. En ese momento recibió un mensaje Daniela diciéndole que estaban a sus espaldas. Al volverse, vio una furgoneta aparcada cerca de su establecimiento y suspiró al ver a Daniela detrás de la puerta abierta del vehículo. Juan Claudio se metió las llaves en un bolsillo y avanzó hacía el automóvil.
- ¿Estás seguro de cerrar la tienda? -pregunto Daniela.
-Sí, soy amigo del dueño y además nos debe unos días de vacaciones. -no sabiendo que decir al dueño del establecimiento a la vuelta, siguió mintiendo. -No le importará ocuparse de la tienda por la tarde.
- Y a tus empleados ¿seguro que no les importa acompañarte en esta aventura?
-No, además les vendrá bien salir del extrarradio-respondió este enarcando las cejas.
-Vale. Si tú lo dices...
Daniela hizo una mueca y se metió dentro de la furgoneta. Juan Claudio la siguió. Ella besó a un chico en los labios.
Allí estaba él. El nuevo novio de Daniela. Más joven que yo, de unos cuarenta años, pelo un poco largo, rubio y pincho, afeitado, ojos verdes, fornido (aunque no tanto como yo), con ropa informal y apestando a colonia que no veas. Seguramente es cámara, por cómo maneja el instrumento que estaba limpiando antes de que yo entrase.
Roberto, así se llamaba el novio de Daniela, se levantó del asiento con aire chulesco y chocó su mano con la de Juan Claudio. Queriendo hacerse el fuerte ante los demás, retó a un pulso a Juan Claudio. Pero no le fue bien, perdió.
El novio de Daniela se tocó la camisa naranja con expresión de asco al perder el pulso y se
volvió a sentar en la silla. Roberto comentó con aire irónico a Juan Claudio.
-Así que tú eres el ex de mi chica, ¿no? -dijo frotándose el pelo pincho rubio.
-Un placer conocerte-contestó Juan Claudio sentándose en otra silla con aire tranquilizador.
- ¿Nos vamos? -preguntó Keiran.
La conductora que estaba al volante hizo caso arrancando la furgoneta. Daniela preguntó,
acordándose.
- ¿Podemos pasar un momento por mi casa?
-De acuerdo-contestó la conductora echando un vistazo hacia atrás.
Laura, la conductora, era una joven más mayor que la novia de Keiran, pelo largo moreno y
vestida informalmente. Los ojos oscuros de ella se cruzaron con los de Keiran y se sonrieron. La
otra Laurase dio cuenta y volvió la vista. Había nueve personas en la furgoneta más un coche
que seguía de cerca al vehículo, con cuatro personas en su interior. Eran trece en total los que
iban a Punta Fría.
***
Uno de los del equipo de Daniela, que estaba al lado de Juan Claudio, miró a los empleados de
este y le preguntó.
- ¿Y eras novio de la Daniela?
-Así es, ¿por?
-Es interesante que estés en la misma furgoneta que su el nuevo novio.
-Solo estoy acompañándola al lugar donde vais entrevistar a esa joven que os escribió la carta.
-Ah, soy Ricardo, por cierto-se presentó este, estrechándole mano.
-Encantado-dijo Juan Claudio con una medio sonrisa.
Ricardo era un tipo grueso, de espaldas anchas que rondaba los cincuenta, con ojos marrones
y barba de varias semanas. Se quitó una camisa blanca y roja, quedándose con otra que
llevaba debajo de manga corta. Resopló y se quejó.
-¡Que calor!
Otro tipo que estaba sentado frente a ellos, curioseó un poco más sobre lo que había pasado
entre Daniela y Juan Claudio.
- ¿Y por qué os separasteis? -dijo sacando un pitillo del bolsillo de su chaqueta blanca.
Los ojos oscuros de Juan Claudio miraron al interesado. Este era más grueso que Ricardo y con
gafas de pasta fina, tenía aire chulesco.
-Este es Marcos-presentó Ricardo a Juan Claudio.
Ambos hicieron un gesto con la mano. Luego Marcos sacó un mechero y encendió el cigarro
que tenía entre los labios.
-Fumar mucho te matara, ¿lo sabes? -preguntó Juan Claudio señalándole con el dedo, en
forma de pistola.
-Lo sé-contestó Marcos, enarcando las cejas.
-No le hagas caso-replicó una voz femenina.
Juan Claudio miró a la joven que habló. Esbelta, de cara y pelo morenos, mechas rubias, ojos
de color avellana, más joven y casi tan alta como él, sus miradas se encontraron con inmediata
simpatía.
-Soy Alejandra, la prima de Daniela y periodista de este equipo. Ella me ha hablado muy bien
de ti ¿por qué lo dejasteis?, hacíais muy buena pareja.
- ¿No te lo ha comentado? -se sorprendió Juan Claudio.
-No, ¿por? -preguntó Alejandra, acariciándose los pendientes.
-Fue por defenderla en una...
Juan Claudio fue interrumpido por Daniela, que tosió para que no siguiera contando la historia.
Alejandra también la miró y luego volvió a mirar a Juan Claudio.
- ¿Qué sucede? -preguntó Alejandra sorprendida.
-Fue por una pelea, .... yo la defendí-continuó Juan Claudio.
Daniela se enfadó y miró para otro lado. Juan Claudio paró de hablar. El humo estaba
asfixiando el ambiente; uno de los periodistas pidió a Marcos que apagase el cigarrillo. Este lo
hizo, aplastándolo contra la mesa. Juan Claudio miró a la joven copiloto de la furgoneta, que
no dejaba de observar al conductor del coche que los seguía. La joven no era muy agraciada de
rostro. Rubia, muda, casi nunca sonreía; más baja de estatura que los demás y la más joven de
la furgoneta.
- ¿Que le ha pasado a esa chica? -preguntó Juan Claudio señalándola.
-Es muda, se llama Ana. No sonríe mucho-respondió Alejandra acariciando sus pendientes.
- ¿Y porque mira tanto por la ventana?
-Está enamorada de Nicolás, el novio de su hermana Chloe- intervino Marcos con aire
chulesco-. Lleva enamorada de él desde hace tiempo. Siempre mira al coche de su hermana y
piensa que ojalá ella estuviera en el asiento del copiloto en lugar de Chloe, para estar cerca de
Nicolás.
- ¿Y alguna vez se lo ha dicho?
-No. Aunque todos lo sabemos.
- ¿Y cómo?
-Se le van los ojos-respondió Ricardo riéndose mientras aplastaba su camisa roja y blanca.
Todos sonrieron. Los cinco que rodeaban a Juan Claudio se interesaron entonces sobre su
pasado y cómo conoció a Daniela.
No sabía que responder, por eso fui directamente al grano.
-Nos conocimos cuando yo trabajaba para Kurt, el padre de ella, como cámara del equipo. El
día que entré nuevo en las oficinas, me pusieron con ella. Íbamos a cubrir juntos, un reportaje
en Punta Fría; nos secuestraron, casi nos matan, pero al final salimos vivos de allí. Fue en lo
único que pude pensar cuando vivimos aquella mala experiencia; si la hubiesen matado, no sé
qué hubiese hecho. Aún pienso que sigue siendo bella como el primer día que la conocí.
Daniela, aunque no lo sabe, fue mi amuleto de la suerte para salir vivos de nuestro primer
reportaje-comentó-, intentando olvidar aquel trauma.
Daniela no le estaba haciendo caso, así que este continuó contando la historia, sin dejar de
mirarla. Juan Claudio pensó que, aún seguía sintiendo algo por ella.
-Después de ese secuestro, cubrimos algunas noticias más, conociéndonos poco a poco. Y al
final surgió nuestro amor ¿y vosotros como la conocisteis?
-Kurt nos contrató. Alguno de nosotros estábamos en paro y otros teníamos trabajos de
mierda-respondió uno del equipo de Daniela.
-Como yo-señaló Marcos a lo último, limpiándose sus gafas de pasta fina con la camisa blanca.
- Fue un tiempo después de que tú te marchases-aseguró Alejandra.
En ese momento la furgoneta tomó un desvió, dirigiéndose por una carretera, hacía la vivienda
del padre de Daniela. Ella no paraba de cuchichear con Roberto y hacerle mimitos. Cuando
Laura, la conductora, aparcó el vehículo, tocó el claxon para que la pareja se dejara de besar.
-Daniela, hemos llegado.
El aviso hizo efecto. Roberto se despidió de ella con pucheros, Daniela le lanzó besos con la
mano mientras salía por la puerta de atrás de la furgoneta. Juan Claudio añadió al ver la cara
de Roberto.
-¡Solo va a estar fuera cinco minutos!.
Roberto le sacó el dedo de en medio en forma de insulto. Todos los del vehículo, menos Ana se
rieron al ver la situación.
El cielo estaba nublado, aunque no caía ni una gota de agua. En la calle no había mucha gente
caminando. Daniela, temiendo que comenzara una tormenta, fue caminando deprisa hasta el
portal de su casa. Buscó las llaves en su bolso, abrió la puerta y subió hasta la cuarta planta.
Llamó al 4ºB, el piso de su padre, Kurt. Este abrió al segundo timbrazo.
Era un hombre barbudo, de pelo rubio largo, notándose ya las entradas, ojos pequeños azul
claro, rondaba los sesenta años y vestía de forma elegante. Dio un beso en la frente a su hija
cuando entró en la casa, pinchándola con su barba.
-Mi niñita-dijo Kurt aplastándole los mofletes.
-Hola papá-saludó ella con un tono nada animoso.
- ¿Que pasa pequeña?
Daniela alzó la vista hacía el rostro de su padre.
- ¿Tienes problemas? -preguntó Kurt frotándose el mostacho.
-Eso parece.
-A ver, ¿qué ocurre?
-Creo que Roberto y Juan Claudio no se llevan bien-respondió ella cerrando la puerta principal.
- ¿Por qué has traido a Juan Claudio a ese trabajo?
- ¿Cómo sabes que me ha salido trabajo, aún no te lo he dicho?
-Tengo mis contactos-comentó él sonriéndo.
- ¡Ah!
- ¿Quieres algo de beber?
-Un poco de agua, gracias-contestó Daniela cruzando los brazos.
-Siéntate.
-Papá, me están esperando. He venido a recoger algunas cosas y me voy enseguida.
Kurt fue a por un vaso a la pequeña cocina y se lo dio a su hija. Ella bebió un sorbo grande y le
comentó.
-Parece ser que hay una mujer que fue testigo de la muerte de su hermana y quiere se sepa la
verdad. La policía no halló ninguna prueba. La chica que escribió la carta, está segura de que su
hermana está enterrada en una de las casas colindantes a la suya. Se lo dijo a la policía,
entregó la foto de su hermana a la autoridad local, pero no hallaron nada.
Se terminó de beber el vaso y se lo dio a su padre. Kurt lo dejó en la encimera de la cocina y
siguió escuchando a su hija.
-Por esa razón, nos escribió esta carta.
-El asunto me huele mal. No sé, ¿y vais a ir solos a ese lugar? ¿sabes que algunos barrios de
Punta Fría son peligrosos? No quiero que te vuelvan a secuestrar-comentó Kurt acordándose
de aquella vez. Siempre tenía aquello presente.
-Lo sé papa. Además, esta vez iremos más personas. Todo mi equipo -contestó-. Y por esa
razón he avisado a Juan Claudio. Él es el más fuerte de nosotros y si pasa algo, bueno ... nos
defenderá.
- Tú tienes la mente y él la fuerza-comentó Kurt acariciándose la barba rubia canosa.
Daniela pensó que su padre era adivinó porque le había leído el pensamiento. Ambos fueron al
salón. El hombre continuó hablando, mientras se sentaba en un sillón de piel hundiéndose en
él. Su sillón favorito para el descanso, así era como le llamaba él.
-Y te sigue gustando, ¿no?
Daniela no supo que responderle durante unos segundos. Se pasó la mano por el ojo,
tocándose el rímel y luego torció el labio. El padre siguió hablando.
-Cariño, no sé qué sentirá Juan Claudio por ti aún, pero era uno de los más disciplinados de mi
equipo y sé que te quiso durante un tiempo. También sé que os conocéis alguno de los barrios
de Punta Fría y que habéis cubierto noticias juntos. Lo que quiero decir es que espero que él te
cuide.
- ¿No te fías de Roberto? -preguntó ella con un tono irónico.
-Es un joven guapete y sé que te quiere mucho. Pero te conozco y sé que donde hubo, siempre
queda.
-Papa, me tengo que ir-dijo Daniela dirigiéndose nerviosa a su habitación.
Kurt vio la esbelta figura de su hija entrar en su cuarto. Ella cogió unos cuantos bártulos y los
echó a su bolso. Se puso una chaqueta oscura a la espalda. Salió como alma que lleva el diablo
de su habitación. El padre le dio un beso en la frente, agachando un poco la cabeza, dado que
era de mayor estatura que ella quién sintió los pinchazos de su barba rubia canosa sin decir
nada.
-Cuídate cariño-se despidió Kurt frotando sus pequeños ojos azul claro.
-Vale papá.
-Y cualquier problema, me llamas. No quiero que te hagan daño.
-Vale-contestó ella con expresión desesperada.
-Aunque puedo ayudaros a Roberto y a ti si necesitáis algo de dinero.
Kurt la había ayudado siempre económicamente de forma indirecta dado que a Daniela y a
Roberto no les salía trabajo. Él quería ayudarles y aconsejarles pero ellos se negaban, porque
ya les había ayudado a pagar en parte el piso donde vivían. La joven respondió negativamente.
-No hace falta papa-dijo Daniela abriendo la puerta principal.
-Hasta luego.
Kurt cerró la puerta y pensó que sería un poco pesado con su hija, pero la quería. Fue hacía la
ventana del salón para ver como Daniela se subía a la furgoneta que estaba aparcada enfrente.
Saludó a Alejandra, la prima de esta y a alguien más que estaba fumando un cigarrillo. Vio
cómo su hija se acomodaba en el vehículo junto a los otros.