Capitulo 3-PRIMER CONTACTO
La furgoneta llegó a Punta Fría y aparcó en una de las aceras de una
desolada calle, cerca de la casa donde iban a entrevistar a la joven que les
envió la carta. El coche que les seguía aparcó detrás de la camioneta. Juan
Claudio fue el último en salir, dado que no quería ver como se besaba
Daniela con Roberto. Juan Claudio miró hacia otro lado cuando la pareja
compartía a solas unos mimitos. Se acarició el corte de pelo cuadrado y
paso detrás de ellos, dirigiéndose hacia donde estaba el resto del equipo.
Sus ayudantes: Keiran y su novia Laura estaban discutiendo porque este
había intercambiado miradas con la otra Laura, la amiga de Daniela; no le
había gustado. Los demás estaban montando el equipo para ir adonde
Daniela ordenara. Juan Claudio vio a los dos últimos miembros del equipo
de su ex-novia y fue a saludarles. Nicolás era más alto que su novia Chloe,
ojos azul claro, veintitantos, fornido, esbelto y agraciado de rostro. Su
chica era de ojos oscuros, pelo rubio rizado, misma edad que Nicolás,
voluptuosa y no paraba de morderse los labios gruesos. Juan Claudio
bromeó con Nicolás, estrechándole la mano.
-Ahora entiendo porque te eligió Ana-soltó mirando a Chloe.
El piropeado se rió, mirando a su novia y luego se acarició el pelo moreno
rapado.
-Gracias.
Chloe miró a su hermana Ana que permanecía seria y le hizo burla. Volvió
a mirar a su chico y ambos se retiraron.
-Un encanto, ¿verdad?-dijo Alejandra la prima de Daniela, acercándose
por detrás a Juan Claudio.
-Verdad-respondió él, contemplando su esbelta figura.
Sus ojos oscuros se encontraron con los de color avellana de ella.
Acariciándose los pendientes la joven le dedicó una sonrisa dulce. Juan
Claudio se cubrió con una mano de la luz del sol que le estaba pegando
fuerte en los ojos. Alejandra se acarició la tez morena y continuó
hablando.
-La pareja no es muy habladora que digamos.-dijo mientras se acariciaba
el pelo moreno mechoso.
-Al igual que Ana-se jactó este. -Las hermanas no se llevan demasiado
bien desde que la más tonta- comentó Alejandra señalando a Chloe-esta
con Nicholas.
-¿Y por qué la más tonta?
-Digamos que no sabe hacer muchas cosas y se cree superior a los demás.
Con la que más se mete es con su hermana Ana. Pero cambiemos de
tema, ¿qué hay de ti? ¿Estás solo ahora?
Juan Claudio la miró con deseo, pero se contuvo al estar en el mismo lugar
que estaba su ex-novia. Por esa razón, la respondió con cortesía.
-Alejandra, no te voy a mentir. Me gustas, pero mejor ahora como que no,
dado que tu prima esta aquí y...
La joven se entristeció por dentro y se le escapó una lágrima. Se la quitó y
sonrió a Juan Claudio. Ella lo comprendió e hizo un sí con la cabeza porque
sabía que su prima Daniela había sido la chica de Juan Claudio. Alejandra
se fue de su lado. Juan Claudio se quitó el sudor de la frente y vio que la
humedad se le pegaba al rostro porque hacía unos treinta grados.
Daniela se quitó al novio de encima y le pidió entre sonrisas que tenía
cosas que hacer. Roberto se acarició el pelo rubio pincho y le lanzó un
beso al aire para despedirse. Daniela pasó al lado de Juan Claudio. Este la
miró a los ojos haciéndole una mueca, admirando su esbelta figura. Ella le
ignoró mientras se abanicaba con una mano.
-Alex, Ricardo, Marcos, preparar las cámaras. Vamos a hablar con la joven
que nos envió dicha carta-ordenó Daniela desdoblando el papel donde
estaba escrita la carta.
Los nombrados fueron como un rayo a por sus cosas y siguieron a Daniela.
El grupo fue caminando hasta la casa de la joven que escribió el mensaje.
La jefa puso una cara de asco cuando el humo del cigarrillo que fumaba
Marcos le llegó a la nariz.
-¿Puedes fumar para otro lado?-pidió Daniela.
-¡Ah, perdón!-se disculpó Marcos.
Los ojos de color avellana de Daniela identificaron el nombre de la chica
que escribió la carta en un buzón. La placa estaba muy oxidada y no se
pudo distinguir bien el nombre, pero se fijó en dicho nombre: Chasty
Romero. Pensó en que a lo mejor sería la que escribió el mensaje. Llamó
varias veces al timbre que había al lado de una pared de piedra. La parcela
no era muy grande, parecía vieja dado al aspecto que tenía por fuera. La
pintura de la pared se estaba descoloriendo poco a poco
.Chasty la propietaria abrió una puerta de madera carcomida que chirriaba un poco. La joven
era morena de piel y de cabello, esbelta, treinta y tantos, de pelo largo, parecía mejicana
aunque no lo era. Tanto Marcos como Ricardo se quedaron boquiabiertos al ver cómo movía
su melena de un lado a otro cuando bajó las escaleras. Alejandra y Daniela se dieron cuenta y
tosieron para que cerrasen la boca.
-¿Quienes son ustedes?-preguntó acariciándose el pelo moreno.
-Me llamo Daniela y ellos son mi equipo ¿tú eres Chasty Romero?
-¿Por?
-Recibimos tu carta y queremos ayudarte. ¿Podemos pasar?-preguntó Daniela abanicándose
con una mano.
-Pero que él tire el cigarro-pidió Chasty señalando a Marcos.
-Dicho y hecho-respondió este, tirando el pitillo.
Daniela le miró sonriendo y Marcos enarcó las cejas. Hacía calor afuera; todos pasaron rápido
a la casa mientras que se quitaban las chaquetas. Chasty comentó con una sonrisa.
-Cuesta acostumbrarte a este clima.
La casa por dentro era acogedora, con muebles cuidados y coquetos y fresca porque el aire
acondicionado estaba puesto. Daniela se fijó en una foto donde había tres personas en el salón
de la casa, dos de ellas eran mujeres y una, era un niño. Daniela preguntó a Chasty.
-¿Donde están tus hermanos?
-Mi hermana murió hace un tiempo y mi hermanito esta en Madrid con mi madre, tras lo
ocurrido. Por eso les envié la carta. Quise que alguien me hiciera caso, dado que la autoridad
no halló a los responsables del asesinato de mi hermana Brianne ¿puedo fiarme de ustedes?
-No somos policías-comentó Daniela, acariciándose el pelo corto moreno.
-Pero son periodistas, ¿no?
Las primas se miraron y luego una de ellas le respondió.
.-Pero no podemos investigar un caso de asesinato sin llamar a la autoridad
local.
-La policía de aquí no va hacer nada que no haya hecho antes y quiero
saber quién mató a mi hermana.-afirmó Chasty muy seria.
-He leído su carta y usted cuenta...-continuó Daniela.
-Chasty por favor-respondió ella cruzando las piernas.
-Chasty, sí,...que fue testigo del asesinato de su hermana ¿De verdad vio a
un hombre dispararle?
-Brianne y yo estábamos en la calle jugando con una pelota, con mi
hermano pequeño. Una de las veces, mi hermanito chutó fuerte el balón,
haciendo que rodase calle abajo. Brianne fue a buscarlo. En ese momento,
oí un disparo. Le dije a mi hermano que se quedase en la casa. Bajé a ver
lo que ocurría y vi a un tipo que escondía el cuerpo sin vida de mi
hermana,...-lloró un poco- en una de las casas que hay calle abajo.
-¿Viste bien al tipo?
-Alto, uno ochenta, pelo corto rubio engominado, fuerte. Le vi de lado
solamente.
-¿Alguna característica en concreto?
-No lo sé, no me acuerdo.
-Piense, no hay prisa.
La memoria de Chasty revivió al asesino dándose la vuelta y arrastrando el
cadáver de Brianne hacia el interior de una casa. Él miró unos segundos
hacia donde ella estaba escondida, aunque no pudo verla bien. El hombre,
entrajetado, tenía los ojos azul claro y barba rubia de tres días. Se lo
comentó a los periodistas.
Alejandra puso, con ayuda de los dos hombres, una cámara frente a
Chasty.
-¿Le importa que lo grabemos? la testificación, digo-preguntó Alejandra a
Chasty.
-Es para sacarlo por la televisión y que la policía haga más cosas-dijo
Daniela con la esperanza de encontrar alguna pista que llevase a ese tipo.
-No, no me importa-comentó Chasty triste.
-Cuando quiera-soltó uno de los reporteros.
Chasty hizo una afirmación con su cabeza para que los periodistas
encendieran la cámara. Marcos hizo un signo con la mano mientras decía.
-Acción.
Chasty Romero contó otra vez la historia del asesinato de su hermana con
cara de tristeza. Los reporteros lo grabaron todo y pensaron que tenían
que hallar alguna pista el crimen de la joven Brianne, antes de ir a la
autoridad.
Daniela le preguntó
-¿Alguien más oyó el disparo?
-Creo que no. Esta es una época muy mala para que haya gente joven y los que viven aquí durante todo el año son parejas de jubilados que no oyen mucho. Así que soy la única testigo.
-Vale.
-¿Puedo fumar un cigarrillo?-pidió Marcos con aire chulesco.
-Váyase a la cocina por favor-contestó Chasty acariciándose el pelo.
Marcos se limpió las gafas de pasta fina con la camisa blanca mientras levantaba el grueso cuerpo de la mesa de madera. Ricardo ayudó a Alejandra a desmontar la cámara mientras Daniela informaba a su amiga Laura por el móvil, para que pasase el video grabado, a la computadora que tenían en la furgoneta.
Mientras afuera, con ese calor infernal que hacía, los restantes miembros del equipo se metieron de nuevo en la furgoneta y encendieron los ventiladores que había a un lado de una mesa. Todos agradecieron el aire que salía de los aparatos. Laura, la amiga de Daniela, se recogió el cabello en coleta y se puso a trabajar en seguida con la ayuda del joven Nicolás, para copiar al ordenador el video que le había enviado la jefa. Juan Claudio miró a través de los cristales del copiloto y del conductor, notando algo raro en el ambiente. Creyó oír el motor de un coche a lo lejos, pero ese pensamiento se le esfumó de la cabeza al ser interrumpido por su ayudante.
-¿Cómo te sientes al estar en el mismo sitio que el novio de Daniela?-preguntó Keiran mirando a Roberto que estaba sentado en el asiento del conductor, con cara de aburrimiento.
Juan Claudio abanicándose miró a Keiran. Se sentó a su lado,respondiéndole.
-Ella y yo ya no estamos juntos, así que no pasa nada por estar en la misma furgoneta que su novio de pelo pincho-respondió jactándose en bajito.
Ambos se rieron y Juan Claudio preguntó a su amigo mirando a Laura, la joven rubia, que estaba hablando con Chloe.
-¿Y tú con Laura?-preguntó Juan Claudio.
-¿Cuál de las dos?
Se volvieron a reír. Juan Claudio continuó.
-He visto que tú y Laura-dijo señalando a la chica del moño rubio-estabais discutiendo antes, ¿ocurre algo?
-No tío. Lo que pasa es que no le gusta que ligue con otra en sus narices-respondió Keiran mirando a la Laura morena, que aún seguía trabajando en el ordenador.
Juan Claudio se daba cuenta de lo que sucedía y le comentó a su amigo, golpeándole en el hombro.
-Pues tienes que solucionarlo.
-Si quiero a mi Laura, de verdad. Pero cuando veo a una morenaza con esos ojos verdes tan bonitos como los de mi novia, me vuelvo loco. No se-miró a Juan Claudio, acariciándose la barba de tres semanas para que le entendiese-Entiéndeme, soy un tío.
-Y yo, no te fastidia.
-Además, me he fijado como mirabas a Alejandra, la prima de Daniela.
Roberto oyó esa última parte y se enfureció, aunque se contuvo. Juan Claudio le dijo la verdad a Keiran.
-No hay nada entre ella y yo.
-Venga, no me mientas-comentó Keiran
-No, es la verdad. Entre Daniela y yo solo hay amistad-se sinceró Juan Claudio mirando a su compañero.
-Ya esta, terminado-vociferó Laura.
Nicolás chocó sus palmas con ella. Keiran hizo una mueca y le dio unos golpecitos en el brazo a Juan Claudio mientras se levantaba.
-Voy a solucionar lo de mi novia-dijo, arreglándose el pelo.
-A por ello tigre-bromeó Juan Claudio.
Keiran se acarició las cejas y se encaminó hacia su novia con aire chulesco. Juan Claudio vio en un rincón a Ana, la hermana de Chloe. Ella estaba jugando con su melena rubia, no quitándole la vista a Nicolás, su amor platónico. Juan Claudio se sentó al lado suyo y comenzó a decir.
-Es duro, ¿verdad?
Los ojos de color avellana de la muda se cruzaron con los verdes de Juan Claudio y este continuó.
-Estar enamorado y que no te hagan caso.
Ambos miraron por un momento al joven Nicolás y a Chloe-que estaban haciendo manitas y riéndose.- Ana dejó de mirarles y se levantó de donde estaba, yéndose a otra parte de la furgoneta.
Juan Claudio se quedó pensativo durante unos instantes. Pensó en los buenos momentos que pasó con Daniela cuando esta aún era su novia. Al recordar, dejó caer una lágrima.
Roberto mirando al silencioso Juan Claudio, dedujo que todavía sentía algo por Daniela. Reflexionó, que a lo mejor esta situación haría daño a Daniela o a su prima Alejandra. No lo podía permitir, Alejandra le caía bien, así que empezó a discutir con Juan Claudio.
-¿Estas celoso de que yo esté con Daniela?-preguntó Roberto a bocajarro aplastándose el pelopincho.
-¿A qué viene eso?-respondió Juan Claudio retándole con la mirada.
-Vamos, no finjas que ya no sientes nada por ella, que no me lo creo-dijo el otro, alzando la voz.
-No. Daniela cortó conmigo y se fue contigo. Fin de la historia.-respondió Juan Claudio con templanza.
-Pero el por qué te dejó no se lo has contado a la gente, ¿a qué no?
Ambos hombres se miraron con cara de odio, haciendo que los demás miembros prestasen atención a la discusión. Juan Claudio le respondió amablemente, aunque visiblemente nervioso.
-Fue por una pelea, la defendí de unos malhechores.
-Pero la golpeaste a ella también, ¿verdad?-continuó Roberto, cambiando la posición de su cuerpo.
Roberto estiró sus manos hasta el cuello de Juan Claudio y este se defendió, apartándolas. Juan Claudio respondió verbalmente a esa amenaza.
-Fue un accidente, cuando yo estaba golpeando a uno de los agresores que estaba tumbado en el suelo, ella me suplicó que le dejase. Daniela se acercó a mí en el momento que yo pegaba a ese desgraciado y fue cuando le di en el labio. Fue un accidente, ¡maldita sea!
Juan Claudio miró a los demás y repitió la frase. Los otros no sabían que decir porque la mayoría del grupo, excepto Roberto y Laura, no conocían la historia completa. Un derechazo de Roberto que esquivó Juan Claudio, hizo que un ventilador cayese al suelo. Roberto soltó.
-No le vas a fastidiar también la vida a Alejandra.
Un segundo derechazo alcanzó esta vez el labio de Juan Claudio haciéndolo sangrar. Todos los demás actuaron al ver que la pelea no paraba. Separaron a los agresores, sacando a Roberto fuera del vehículo. Keiran y Laura en el interior de la furgoneta, intentaron tranquilizar a su compañero, que estaba con el corazón acelerado, curándole el labio. El ambiente estaba cargado, por el suceso. Keiran pidió a Juan Claudio que se calmase.
-¿Qué es eso de que golpeaste a tu novia?-preguntó. Juan Claudio les respondió.
-Era una noche agradable. Después del trabajo, Daniela y yo estábamos caminando por uno de los paseos marítimos de Punta Fría, cuando nos asaltaron dos tipos. Querían robarnos a punta de navaja. Les dije que soltasen las armas, pero ellos cogieron a Daniela como rehén.
-¿Y fue cuando la defendiste?-preguntó Laura.
-Así es. No podía permitir que le hicieran daño. La cosa se puso muy violenta y fue cuando Daniela intentó frenarme. Sin querer la golpeé en la cara.
-Pero no tiene ninguna cicatriz-comentó Keiran.
-Eso es porque la herida cerca del ojo era pequeña. No fue nada.
-¿Y te perdonó por aquello?-continuó la chica.
-Del golpe sí, de la reacción no. Nunca me había visto ponerme tan furioso como aquella noche. Por eso cortamos. Necesitaba tiempo.
- Lo que hiciste fue defensa propia.-afirmó Laura.
Keiran apoyó la respuesta, aunque ella seguía enfadada con él.
-Y la verdad es que yo tampoco me perdono por haberme puesto tan violento aquella noche-finalizó Juan Claudio.
Sus ayudantes le animaron.
*
Afuera de la furgoneta, todos los demás intentaron tranquilizar a Roberto. Laura, la amiga de Daniela, le intentó calmar preguntándole el por qué había reaccionado tan violentamente. Roberto, tras varias bocanadas, le respondió.
-¡Él la pegó!
-Pero fue sin querer, ya lo ha dicho.-lo defendió Laura.
-¡Es mentira, seguro que lo hizo aposta, no estuvimos ahí para verlo! Laura se acarició la coleta y abrazó al enfadado. El fornido joven se tranquilizó más y siguió contando.
-¡Daniela me lo comentó, o más bien yo se lo hice confesar, un día que la vi preocupada: me dijo que fue un accidente!
-Pues déjalo estar.
Los ojos verdes de este se cruzaron con los de su compañera y se tranquilizó más. Se dieron un apretón de manos amistoso. Laura continuó hablándole.
-Si Daniela le perdonó el golpe que le dio accidentalmente, tú también debes hacerlo.
Ella le sonrió y este se tranquilizó. Seguiría el consejo de su amiga.
Al fondo de la calle se oyó la sirena de un coche de la autoridad que se estaba acercando a la furgoneta. El vehículo se detuvo cerca de donde estaba el grupo. Del automóvil se bajó un Guardia Civil mayor, de pelo rubio canoso y ojos verdes claros. Sacó un pitillo y se lo metió entre los labios mientras les preguntaba a los periodistas.
-¿Sucede algo?
Uno de ellos contestó.
-Nada agente, todo bien, ¿ocurre algo?
El agente miró a Roberto, que estaba más tranquilo. Luego a la furgoneta que estaba mal aparcada y comentó cruzando los brazos.
-Habéis aparcado mal la furgoneta ¿quién es el propietario?
-Soy yo, pero...-contestó Laura asustada.
Luis-el policía- sacó una libreta y empezó a anotar el número de la matricula cuando vio a Juan Claudio salir del vehículo. El Guardia Civil se acercó a este y le miró con aire dubitativo. Hubo un duelo de miradas hasta que al final dijo.
-Tu cara me suena de algo, pero ahora mismo no consigo ubicarla.
-Tú fuiste el agente que dejó escapar a los ladrones que atacaron a mi novia hace un tiempo cuando intentaron robarnos. Si no te acuerdas de mí, te refrescare la memoria. Me llamo Juan Claudio y...
-¡Ah, sí! el hombre que acusó a dos personas sin tener ninguna prueba.
-Llevaban navajas y cogieron a mi novia como rehén.
-Y tú les rompiste alguna que otra costilla a esos maleantes, ¿no?-comentó Luis en tono irónico.
-Estaba solo frente a dos tipos fornidos y cogieron a...
-Tu chica como rehén.
-Sí.
Hubo unos segundos largos y tensos antes de continuar la conversación.
-Pero tú les atacaste, rompiéndole a uno de ellos de ellos la nariz.-continuó Luis.
-Se supone que un agente está para proteger a los inocentes.-respondió Juan Claudio.
-Y lo esta...
-Entonces, ¿por qué no me creíste?
-Porque cuando llegué al paseo marítimo, te vi como pegabas a dos personas como un puto salvaje.
-Nos estaban atacando.
-Yo no vi eso, chico. Solamente vi a un hombre que no daba oportunidad de levantarse a dos personas que estaban tumbadas.
-Siempre me olí que había algo sucio cuando no hiciste nada contra esos carteristas.
-Sospecha cuanto quieras chico. Yo soy el jefe en esta zona.-comentó Luis con aire jocoso-¿Qué estáis haciendo por este barrio?
-Investigamos un crimen.-respondió uno de los periodistas.
-No veo vuestra placa.
-Somos periodistas-intervino Laura, la amiga de Daniela.
Luis se dio la vuelta y contestó bordemente.
-No me interrumpa, ¿de acuerdo?
La radio del coche del agente empezó a sonar. Luis se retiró de Juan Claudio, dirigiéndose hacia su coche.
Juan Claudio comentó a Keiran y a Laura que estaba casi seguro de que el agente conocía a los carteristas que amenazaron a Daniela. Luis desde el coche, avisó.
-Quiero la furgoneta fuera de la calle.
El Guardia Civil se montó en el automóvil y Juan Claudio bromeó.
-¡Eh, chico!, feliz cumpleaños.
Luis le enseñó el dedo de en medio en forma de insulto mientras se reía. El vehículo policial dobló en una esquina.
Keiran, intrigado, le preguntó a su amigo.
-¿Y esa tontería?
-¿El qué?, ¿lo de feliz cumpleaños?, "Yippee Ki Yay ¡hijo de puta!" ya estaba cogido.
Keiran y Laura se rieron. La joven se unió a los periodistas. Juan Claudio le dio en el hombro a su amigo, recordándole.
-¿Ya te has reconciliado con Laura?
-¿Con cuál de las dos?
Ambos rieron y Keiran le respondió.
-Aún no, pero lo haré.
Keiran se alejó de su amigo y se dirigió al grupo. Daniela, Marcos, Ricardo, Alejandra y Chasty, volvieron a la furgoneta con el resto de los periodistas al oír alejarse el motor del coche del Guardia Civil. Todo el grupo menos Keiran y Laura, estaban dentro. La pareja se perdonó y comenzó a besuquearse. Él la cogió de la cintura y durante unos minutos, hubo una pasión ardiente.
Ella notó un crujido a su espalda, echó la vista para detrás y vio unos zapatos moverse por unos agujeros de la pared de piedra donde estaba apoyada. Pidió a su chico que parase de besarla y que mirara tras la pared. Cuando iban a avisar a los demás, un oriental de larga melena y con una metralleta salió de las sombras. El delincuente se acarició el pelo y avisó a su compañero mejicano, que también iba armado, para que saliera. El resto de periodistas que se habían dado cuenta de la situación, trataron de arrancar la furgoneta cuando, uno de los hombres armados realizó varios disparos al aire en señal de advertencia. Juan Claudio y Daniela reconocieron a los gánsteres armados, como los carteristas que les intentaron robar. Al y Tomás, los dos delincuentes, hicieron una mueca al recordar a Juan Claudio. Este miró la nariz rota del mejicano.
-Anda, "el melenas" y el Poli.-bromeó Juan Claudio.
-¿Poli?-preguntó Tomás extrañado.
- Policarpo Díaz, inculto. El Potro de Vallecas. Tienes su misma nariz.
Dos vehículos bloquearon el paso de la furgoneta de los periodistas. Del más grande, salieron cinco hombres armados y del otro se bajaron Jacinto Núñez y José, el asesino de Brianne Romero. Al, abrazó a su hermano Chuen y juntos, obligaron a Laura y a Keiran a reunirse con los demás. Jacinto tiró el cigarro al suelo y miró atentamente a los periodistas.
Uno de los malhechores trajo a la fuerza a Chasty. Ella reconoció al asesino de su hermana y empezó a tartamudear.
-Fue él, fue él.
José se aplastó su pelo corto rubio engominado y la hizo callar, apuntándola con la pistola. Chasty muerta de miedo, aguantó el orinarse en el vestido. Juan Claudio y Daniela se encararon al cheposo Jacinto quien preguntó.
-¿Qué hacéis aquí?
Nadie del equipo respondió. Jacinto resopló varias veces y vio que había muchos testigos, la mayoría prescindibles. Volvió a interrogarles. Nicolás se encaró a él, hubo un duelo de miradas. Jacinto se volvió hacia Laura, la amiga de Daniela, y le apuntó en el entrecejo. La joven de la coleta no pudo reaccionar por que el proyectil salió a toda velocidad. Laura cayó sin vida. Jacinto hizo otro disparo, matando a Ana. Nicolás miró enfurecido al tirador. El criminal volvió a hacer dos estruendos más, quitando la vida a Nicolás y a su novia Chloe.
-Creo que nos quedaremos con estos-sonrió Jacinto con maldad al resto del equipo.
La banda de Jacinto no hizo ningún comentario mientras algunos prisioneros lloraban de pena y contenían su frustración dada la situación.
-Llevaos estos cuerpos-ordenó Jacinto a los criminales-Y tú-dijo mirando a Marcos que estaba fumando-dame ese cigarrillo.
El hombre cheposo le quitó el pitillo al periodista y apuró lo que quedaba en una sola bocanada. Amenazó al periodista.
-Si no tuviera prisa, te mataría. Hacedles pasar a la casa-ordenó a su banda.
Los gánsteres apuntaron con sus ametralladoras a los rehenes indicándoles que entraran en la morada. El lugar, de dos plantas, era viejo por fuera y por dentro, con un garaje lúgubre en el que escondían las diferentes mercancías. Pasaron a los siete rehenes a un cuarto. Juan Claudio pensó, echando un vistazo al interior, que en ese lugar podría rodarse una película de terror. Le obligaron a sentarse en una silla de madera vieja. Todos los demás rehenes fueron atados con bridas y asentados en el suelo, separando a Daniela y a Chasty para interrogarlas.